Banquete
Primer tiempo

Juan Carlos Guerrero Hernández

y la búsqueda arrebatada

En este Banquete tenemos, como primer tiempo, la prolífica y variada obra de Juan Carlos Guerrero Hernández. la cual comprende pintura, collage. grabado y hasta escultura. Un rasgo en común entre tanta diversidad es la tendencia a la experimentación y la toma de riesgos. Carlos explora todas las posibilidades de las técnicas que maneja y procura llevarlas hasta sus últimas consecuencias; aunque tampoco se detiene allí, pues a partir de la combinación y el juego logra abrir nuevos horizontes creativos dentro de su producción. 

Este podría ser el fin
Óleo sobre madera y grabado.

Fotografía

Un ejemplo: en la serie fotográfica que forma parte de la muestra se aprecia cómo el artista echa mano de técnicas como la doble exposición o la film soup, y juega con estas para crear paisajes llenos de expresividad a partir de la visión subjetiva de quienes colaboraron con él en proyectos como las imágenes de doble exposición, o bien, como consecuencia de las afortunadas vicisitudes que le ocurren al rollo fotográfico cuando pasa tiempo sumergido dentro de líquidos como el refresco de naranja.

Me quiero electrocutar
Fotografía análoga

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Pintura

Descenso es otra pieza destacable dentro de la arriesgada obra de Carlos. Julio Sahagún Sánchez define la producción pictórica de este artista como espesa. La espesura está en el resultado final, en el sabor intenso que surge de la mezcla de los elementos que coexisten en sus cuadros. Regresando a Descenso, esta es una pintura nacida de los restos de otra pieza anterior. Carlos recuperó el lienzo y sobre este pintó el retrato de cuatro niños cuyos rostros apenas distinguibles dirigen al espectador expresiones variadas. El cuadro está pintado con materiales diversos, que van desde el óleo hasta la sangre, pasando por el café y la tinta. 

Lo abstracto y lo subjetivo son algo recurrente en sus pinturas y collages. Piezas como Este podría ser el fin o Caminos inescrutables son paisajes cuya intención no es mostrar el escenario que se extiende frente al lienzo, sino que se trata de una visión que parte desde el interior. Los paisajes son territorios que surgen y se extienden, a lo mejor, en la mente del artista, es el pensamiento convertido en cartografía, un mapa visible quizás sólo para aquellos ojos que sepan mirar. 

Descenso
Óleo, café, sangre, grafito y acrílico sobre madera • 120cm x 90 cm • 2016
Ciudad vampira
Acuarela y conté sobre papel • 29cm x 41cm • 2017

Así pues, la obra de Carlos Guerrero es un platillo más experimental, una receta que se sirve cruda, como afirma Alejandrina Pérez Barragán, sin adornos que la hagan fácil de digerir. Una receta de laboratorio que integra ingredientes variopintos y exóticos (dato curioso: la cocina también es un área en la que este artista se desenvuelve bien). Un banquete en sí mismo, pues aunque la abstracción y el expresionismo son la norma, lo figurativo también tiene cabida dentro de los grabados y la escultura, en las calaveras hechas en linóleo y en la figura humana de barro que da la bienvenida a quienes visitan Espacio Mutante. Nada se queda fuera, ningún ingrediente se desperdicia, no hay puntos ciegos, todo se mete en la olla. 

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