Cuerpo

Mi cuerpo en el cuerpo del otre

Grabado y dibujo

 Hay, por desgracia, una relación muy estrecha entre la sociedad y la forma en la que los individuos nos relacionamos con nuestros cuerpos. Digo “por desgracia” ya que es una relación que nos somete a las expectativas, al escrutinio público y a la aprobación o el rechazo de nuestro ser con base en nuestra apariencia. No es nada nuevo, desde luego, y en la historia del arte podemos hallar todo el tiempo ejemplos de cómo los ideales de belleza han ido cambiando en función de las épocas, los acontecimientos históricos y las regiones geográficas.

Dichos juicios y prácticas se agudizan especialmente con las mujeres, quienes históricamente han visto cómo sus cuerpos deben verse y adornarse en función de lo que sociedades profundamente patriarcales esperan de ellas. Las diferencias entre los entes femeninos y masculinos no solo pasan, entonces, por las singularidades propias de su biología, sino también por factores sociales y culturales que construyen una narrativa alrededor del género que los dota de una identidad que irá cambiando (no demasiado) con el paso de los años[1]. Así, su belleza femenina ha variado, según la época, en función de su fertilidad, castidad, erotismo o profesionalidad[2].

Nostalgia
Linografía (3/5) • 12.8cm x 18.9cm • 2016
Mírame a los ojos
Linografía (3/4) • 25.3cm x 17.7cm • 2016

Sin embargo, el arte, en su calidad de herramienta reivindicativa ha sido un vehículo a partir del cual las artistas no sólo han demostrado su influencia en el mundo del arte, sino que han abordado, de forma más abierta, temas como el cuerpo, no sólo desde lo social y lo simbólico, sino desde perspectivas más personales e intimistas.

Cuerpo de Alejandrina Pérez Barragán, es precisamente una de esas reflexiones intimistas acerca del tema. En esta serie de grabados y dibujos, la artista da fe, no sólo de su evolución en su técnica, sino de cómo, a partir del mero acto de dibujar a otro desnudo, se pone en marcha una serie de mecanismos de autoobservación que dan pie, en un primer momento, al reconocimiento y, luego, a la autoaceptación.

Contemplación apacible
Linografía (3/3) • 19cm x 25.5cm • 2016

La experiencia personal juega un factor clave en la formación de esta serie. La artista refiere que una serie de experiencias como acoso escolar y sexual durante su infancia y adolescencia ocasionaron que su autopercepción se viera perjudicada, y superar esto implicó un largo proceso, a través del cual fue rodeandose de otras mujeres, quienes le ayudaron a comprender y aceptar su propia individualidad.

Otro factor clave en dicho proceso fue el de la clase de dibujo al desnudo, durante su estancia en la licenciatura en artes de la Universidad de Guanajuato.

Recuerdo
Linografía (2/3) • 12.8cm x 18.9cm • 2016

El primer recuerdo de este cuestionamiento fue con la clase de dibujo al desnudo. Vi a les modelos tan tranquiles, posando por un largo tiempo, a tal punto de dormitar; Me pregunté cómo estaban tan segures de sí mismes; entendía la parte del arte que al dibujar no se debe ver con morbo, pero no la parte de cómo elles eran modelos, no. Ese fue mi primer cuestionamiento de ¿por qué, a qué se debe? Fue así donde puse más atención a los comportamientos y expresiones de les modelos. En esta observación empecé a reconocer los distintos cuerpos.

-Alejandrina Pérez Barragán.

Te veo
Tinta china • 47.7cm x 65cm • 2016
Cuerpo 2
Tinta china • 65cm x 45.3cm • 2016
Cuerpo
Tinta china • 45.5cm x 65cm • 2016
Contemplación
Tinta china • 67.6cm x 48cm • 2016
Despiertame
Punta seca en acrilico (5/6 con marco) • 35.9cm x 27.9cm • 2016

Quizás esto nos permita, además, entender por qué la mayoría de las piezas que componen esta serie no muestran los ojos (ya sea porque el rostro se corta justo antes de llegar ellos o porque la posición de los modelos nos impide verlos): lo importante no es el rostro, no interesa quién posa, porque el centro está en lo otro, en lo que comunican las poses, que a veces ocupan, seguras, todo el espacio, y en otras ocasiones se contraen y evitan mostrarse a nosotros.

 

Pero para mí hay algo más: cuando miramos, como dice John Berger, alguien más nos mira a nosotros, y Pirandello dice que hay tantos de nosotros como personas nos miran, así, siempre estamos expuestos al escrutinio del otro. Creo que, tal vez, estas piezas nos liberan de ese peso para que, así, nosotros podamos observar al otro sin morbo y sin juicios.

En resumen, Cuerpo es una exposición que nos invita a entrar en un espacio íntimo, seguro, donde podemos reflexionar sobre cómo nos vemos y cómo vemos a los demás. Desde su experiencia personal, la artista logra construir un discurso en el cual avanza desde el asombro en aquella ocasión, en su clase de dibujo, hasta la aceptación de su propio cuerpo, que la lleva a representarse a ella misma en un autorretrato que no solo puede ser visto como la culminación de un proceso de reconciliación entre ella y su propio cuerpo, sino como un llamado al despertar, a la renuncia a la censura y satanización del cuerpo, al peso del “deber ser”, a la guerra contra une misme.

– Luis Ángel Márquez

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