Banquete

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[…] y ahora
que se supone que está,
la verdad es que se siente
como que va a seguir mutando” 

-Monsiváis

El banquete como ceremonia culinaria tiene orígenes que se pueden rastrear hasta la antigûedad (aunque el término surge ya cerca del siglo II D. C.). La palabra, lo sabemos todos, se usa comúnmente para designar una comida espléndida y exquisita, donde no hace falta nada y que está reservada, por lo general, para un grupo selecto de invitados, generalmente de especial relevancia en la sociedad. 

El banquete es una fiesta de la variedad y el colorido, pero también es una fiesta de la unidad. Los participantes de la ceremonia asisten -tal vez sin saberlo- a un ritual donde la comulgan y estrechan lazos en torno a una creencia o ideología.

Sirva todo lo anterior como preludio a la exposición Banquete que se exhibe en Espacio Mutante, compuesta por obras tanto de los artistas que codirigen la galería, como de Anton Nerr, Ana Laura Vilchis y los trabajadores de arte colectivo anónimo. 

Banquete es el producto de un acto ceremonial de creación y curaduría dentro de este sitio: el resultado de una fiesta en torno a la creación colectiva y la unidad, en una época en la que el concepto de individuo prima sobre el de comunidad en pos de salvaguardar la salud. Dicho rito de creación y comunión, al conjuntarse con la obra individual de Carlos Guerrero Hernández, Alejandrina Pérez Barragán y Julio Sahagún Sánchez, da como resultado un exquisito catering con “platillos” diversos y bien condimentados.   

Juan Carlos Guerrero Hernández
Alejandrina Pérez Barragán
Julio Sahagún Sánchez
arte colectivo anónimo

Juan Carlos Guerrero Hernández

y la búsqueda arrebatada

Primer tiempo

En este Banquete tenemos, como primer tiempo, la prolífica y variada obra de Juan Carlos Guerrero Hernández. la cual comprende pintura, collage. grabado y hasta escultura. Un rasgo en común entre tanta diversidad es la tendencia a la experimentación y la toma de riesgos. Carlos explora todas las posibilidades de las técnicas que maneja y procura llevarlas hasta sus últimas consecuencias; aunque tampoco se detiene allí, pues a partir de la combinación y el juego logra abrir nuevos horizontes creativos dentro de su producción. 

Este podría ser el fin
Óleo sobre madera y grabado.

Fotografía

Un ejemplo: en la serie fotográfica que forma parte de la muestra se aprecia cómo el artista echa mano de técnicas como la doble exposición o la film soup, y juega con estas para crear paisajes llenos de expresividad a partir de la visión subjetiva de quienes colaboraron con él en proyectos como las imágenes de doble exposición, o bien, como consecuencia de las afortunadas vicisitudes que le ocurren al rollo fotográfico cuando pasa tiempo sumergido dentro de líquidos como el refresco de naranja.

Me quiero electrocutar
Fotografía análoga

Fotografía análoga

Pintura

Descenso es otra pieza destacable dentro de la arriesgada obra de Carlos. Julio Sahagún Sánchez define la producción pictórica de este artista como espesa. La espesura está en el resultado final, en el sabor intenso que surge de la mezcla de los elementos que coexisten en sus cuadros. Regresando a Descenso, esta es una pintura nacida de los restos de otra pieza anterior. Carlos recuperó el lienzo y sobre este pintó el retrato de cuatro niños cuyos rostros apenas distinguibles dirigen al espectador expresiones variadas. El cuadro está pintado con materiales diversos, que van desde el óleo hasta la sangre, pasando por el café y la tinta. 

Lo abstracto y lo subjetivo son algo recurrente en sus pinturas y collages. Piezas como Este podría ser el fin o Caminos inescrutables son paisajes cuya intención no es mostrar el escenario que se extiende frente al lienzo, sino que se trata de una visión que parte desde el interior. Los paisajes son territorios que surgen y se extienden, a lo mejor, en la mente del artista, es el pensamiento convertido en cartografía, un mapa visible quizás sólo para aquellos ojos que sepan mirar. 

Descenso
Óleo, café, sangre, grafito y acrílico sobre madera • 120cm x 90 cm • 2016

Así pues, la obra de Carlos Guerrero es un platillo más experimental, una receta que se sirve cruda, como afirma Alejandrina Pérez Barragán, sin adornos que la hagan fácil de digerir. Una receta de laboratorio que integra ingredientes variopintos y exóticos (dato curioso: la cocina también es un área en la que este artista se desenvuelve bien). Un banquete en sí mismo, pues aunque la abstracción y el expresionismo son la norma, lo figurativo también tiene cabida dentro de los grabados y la escultura, en las calaveras hechas en linóleo y en la figura humana de barro que da la bienvenida a quienes visitan Espacio Mutante. Nada se queda fuera, ningún ingrediente se desperdicia, no hay puntos ciegos, todo se mete en la olla. 

Alejandrina Pérez Barragán

y la conciencia de la transmutación

Segundo tiempo

El segundo tiempo corresponde al trabajo de Alejandrina Pérez Barragán, el cual comprende casi todas las técnicas de grabado, así como pintura, dibujo y escultura. La selección de obras expuestas en Banquete da cuenta de los diferentes estadios que la artista ha atravesado a lo largo de su vida, cuyas experiencias han influido en sus intereses y en su práctica. 

Se podría definir la obra de Alejandrina Pérez Barragán como una travesía hacia el interior, hacia un rincón más íntimo donde habitan los recuerdos y las emociones. Alejandrina es una artista mayormente figurativa, y en sus grabados y pinturas podemos observar la presencia incesante de la naturaleza. 

Ciclo
Xilografía (3/3) • 40cm x 60cm • 2019

Pero no es siempre una naturaleza idílica ni se encuentra allí de manera gratuita. Criaturas marinas, una serie de litografías en seco, da cuenta de una fauna a veces invisible pero que se vuelve cuestionadora, crítica. En Cambio constante, por ejemplo, los cangrejos ermitaños representan el ciclo de adaptación y transformación que vivimos las personas. Habitante de mi abismo, más intimista, habla principalmente de la artista, pero también nos habla de la oscuridad dentro de nosotros mismos. No es gratuita la presencia de un melanocetus johnsonii o pez diablo negro. Esa criatura que habita a cuatro mil metros en las profundidades de los océanos y que posee un señuelo luminoso con el cual atrae a sus presas. La tradición y la cultura popular nos han mostrado al melanocetus johnsonii como un animal terrorífico, un horror que podría habitar en las pesadillas. Alejandrina resignifica entonces todo esto y nos muestra a este pez como la representación de todo eso que habita en el interior de todos nosotros, esa oscuridad que vivimos negando y con la que debemos aprender a coexistir.

Como parte de su transmutación, Alejandrina ha atravesado por un proceso de deconstrucción (“el cual realizo diario y seguiré realizando el resto de mi vida”) que finalmente la llevó a autodenominarse feminista. Este rasgo queda patente en piezas que crea con pulcritud y dedicación, como Maternidad forzada, la cual aborda la problemática en torno a una sociedad que estigmatiza a las mujeres que se deciden sobre sus propios cuerpos.  

Marcha a favor de la despenalización, 2018, Gto
Acuarela • 23.5cm x 22.5cm (Enmarcada 39.5 x 32.5) • 2019
Maternidad forzada
Barro • 18cm x 9cm x 8.3cm • 2016

Las piezas de Pérez Barragán trazan viajes y cambios. Saben diferente en el primer instante que tocan la lengua y cambian conforme se maceran en nuestro interior. Polillas es, quizá, su serie de grabados que más evidencia esta forma de mirar suya, tan consciente de la naturaleza cíclica, transmutatoria de la vida y muerte.

Vuelo a la transmutación
Moku haga, doble registro (4/5) • 23.5cm x 25.7cm • 2019

Es una artista que tiende al orden y la estructuración. Alejandrina entiende la importancia del tiempo en el proceso de creación, quizás por ello encuentra en el grabado su nicho. Carlos Guerrero compara su obra con el arroz que puede relacionarse bien con ingredientes salados o dulces, y que para su preparación requiere tiempo y cuidado.

Comunión

Litografia en seco (6/8) • 14 x 36.5cm • (Marialuisa 23 x 44.5cm) • 2019 • $1,500

Reflexión final de un viaje a lo profundo, Comunión es una pieza que se distingue del resto por la ausencia de fauna en su representación. Las tomas cenitales de la arena y la superficie del mar dialogan desde extremos opuestos de la composición y se llaman a ecos en las formas de sombras estáticas y espuma salvaje. Al final, en el centro de la pieza se alcanza como resolución una toma vertical de una playa serena. Este es el espacio balanceado donde los dos mundos, marino y terrestre, nuestra calma y nuestro caos, comparten el mismo cuadro.

A este diálogo de paisajes lo acompaña un discurso dorsal: una franja interrumpida que reitera la conexión entre las tres imágenes que comparten un mismo soporte.

La quietud de esta playa desensamblada habla sobre el viaje que hemos tomado aquí. Es la asimilación serena, metódica, de una larga y turbada travesía hacia nuestro interior. El epílogo del arrojo a las profundidades.

Coleccionistas

Editor y coleccionista

Luis Ángel Márquez

La obra de Alejandrina Pérez Barragán es bastante rica en técnicas y temas. He tenido la oportunidad de profundizar un poco en su trabajo y su proceso creativo. Si pudiera elegir a mi favorito entre todos los trabajos de esta artista, sin lugar a dudas ese puesto lo ocuparía la serie Criaturas marinas.

Criaturas marinas es, a mi parecer, una exploración hacia las profundidades de la vida misma. La fauna mostrada en las distintas litografías de la artistas no es más que una metáfora de distintos procesos de la existencia y también de diversas facetas de la naturaleza humana.

Felizmente pude adquirir, a finales del año pasado, “Habitante de mi abismo” en condiciones que dotan a esta pieza de un valor especial para mí. Alejandrina me dijo una vez que “Habitante…” habla sobre la oscuridad que cada uno de nosotros lleva en el interior, oscuridad que las más de las veces negamos y otras tantas tememos.

Que esa oscuridad estuviera representada por un pez diablo negro es acaso una de las cosas que me resultan más interesantes. No queda duda acerca del talento de Alejandrina Pérez Barragán luego de ver la habilidad con la que ha trazado una criatura a un tiempo temible y atrayente.

“El que lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él un monstruo. Y si mucho miras a un abismo, el abismo concluirá por mirar dentro de ti”, dice Nietzsche, y creo que, de alguna forma, “Habitante de mi abismo” es también un recordatorio visual de los monstruos que habitan en nuestros abismos.

Coleccionista

白倉沙樹 – Saqui

Fluido Negro

蛸が自分の吐いたであろう墨の中を泳いでいます。水の中にある墨の濃淡を大胆に、そして蛸の質感が繊細に表現されていて、モノクロの絵なのに本当に蛸が泳いでるかのような生命力を感じます。

Fluido Negro

“El pulpo nada en la tinta que habría escupido. Los matices de la tinta en el agua se expresan con audacia, y la textura del pulpo se expresa con delicadeza, y aunque es una imagen monocromática, se puede sentir la vitalidad del pulpo como si estuviera nadando.”

Agradecimientos

Agradezco el apoyo y sabiduría a la maestra Angélica Escarcega. A mis padres y hermana por estar siempre presentes en mi camino. A mis amigues, compañeros, al equipo de Espacio Mutante: Carlos Guerrero, Julio Sahagún Sánchez, Luis Ángel Márquez, Andrea Flores; por todo su apoyo y colaboración para realizar esta exposición.

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